A un triunfo del pasaje a China

Nalbandián está a un triunfo de Shanghai.

Un inspirado David Nalbandian le ganó 6-1, 5-7 y 6-4 al ruso Nicolay Davydenko y se clasificó para la final de París-Bercy. Si retiene el título, tendrá un lugar en la Copa Master.

David Nalbandian se clasificó para la final del torneo de París-Bercy tras derrotar al ruso Nikolay Davydenko por 6-1, 5-7 y 6-4 y aspira a revalidar el trono que conquistó el año pasado, al tiempo que garantizó la presencia de, al menos, un argentino en la Copa Master de Shangai.

El argentino buscará, el domingo, convertirse en el primer tenista que defiende el trofeo del Masters Series francés, a condición de que venza en la final al ganador del duelo entre el local Jo-Wilfried Tsonga y el estadounidense James Blake.

Con su triunfo, Nalbandian mantiene sus opciones de estar entre los ocho mejores al final del año y ganarse un puesto en la Copa Master de Shanghai. Además, Argentina ya tiene asegurado al menos un representante en el último torneo de la temporada, pues si el cordobés pierde será Juan Martín del Potro el clasificado.

Incluso pueden clasificarse los dos, en caso de que Tsonga le gane a Blake y caiga en la final contra Nalbandian.

Algo más de dos horas necesitó el cordobés, octavo cabeza de serie, para derrotar al ruso, sexto, pese a que su salida a la pista fue fulgurante y en menos de media hora se adjudicó el primer set.

Veinte minutos tardó Davydenko en ganar su primer juego ante un Nalbandian que saltó a la pista como un expreso listo a llevarse por delante a su rival. Entre tanto, el ruso había cedido dos veces su servicio y prácticamente cualquier opción de ganar el primer parcial.

El despiste continuó hasta los primeros compases del segundo set. En el primer juego, Nalbandian dispuso de dos bolas para hacerse con el servicio de Davydenko, pero éste conservó su saque. Y ahí comenzó el renacimiento del ruso, que desplegó un juego de quilates, propio de su condición de sexto favorito.

El duelo ganó en intensidad y en belleza. El argentino rompió el servicio en el tercer juego y Davydenko lo recuperó en el siguiente. Volvió a hacerlo en el duodécimo para prolongar un partido que nadie en París quería que terminara.

Los dos jugadores se afanaron en conservar sus servicios y lo hicieron con fortuna durante seis juegos en el parcial decisivo. Al séptimo, Nalbandian volvió a pisar el acelerador y robó el servicio del ruso.

Le bastaba con mantener dos veces su saque para ganar y no defraudó. Un saque ganador en el décimo juego lo elevó al último escalón de un trono que protege con celo.

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